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El conflicto es bueno

¿Qué hace que la Mediación sea transformadora de nuestras relaciones, nos permita disfrutar de la convivencia pacífica y nos dé la posibilidad de resolver nuestros conflictos de forma amistosa?

En los artículos anteriores hablábamos de las generalidades de la Mediación y de los beneficios que significan para una sociedad la Educación en Resolución de Conflictos.

En esta oportunidad analizaremos uno de los instrumentos y habilidades de la Mediación: la valoración positiva del conflicto.

La valoración que tengamos del conflicto es uno de los aspectos que hacen que ciertas situaciones de convivencia determinen problemas o signifiquen oportunidades de crecimiento.

Normalmente, por cultura o por idiosincrasia, solemos tener una valoración negativa del conflicto, tenemos la idea de que un conflicto o una diferencia con alguien nos significará perder o ganar, que uno estará en lo cierto y que el otro equivocado. Esta forma de valorar el conflicto nos determina a evitar el problema o a confrontar con la otra persona.

Una valoración positiva del conflicto nos permite valorar nuestra idea tanto como la de la otra persona, más allá de que sean y se mantengan diferentes. Las dos maneras de ver la misma realidad pueden ser válidas aunque sean distintas, sin tratarse de un acierto y de un error.

Animarnos a una valoración positiva del conflicto nos acerca a una convivencia diferente, accedemos a los instrumentos de la verdadera tolerancia. De esta manera la tolerancia no significa un esfuerzo por evitar el conflicto, ya no es una oportunidad de generar distancia con la otra persona. Se trata de una tolerancia que nos ayuda a transitar por un camino en el cual el diálogo y la escucha se mantienen de forma calmada y efectiva, sin preconceptos que nos determinen a un “ganar – perder”; una tolerancia que nos brinda la oportunidad de conocernos, de descubrirnos a través de la relación que mantenemos con el otro.

Diríamos que, desde una valoración positiva del conflicto, ya no se trata de “deber ser tolerante” sino de tener elementos, instrumentos y habilidades que “me hacen ser tolerante” desde mí mismo y no desde una auto-imposición.

Una valoración positiva del conflicto se concreta cuando descubrimos una cantidad de verdades que están presentes en la visión del otro que, por no ponernos en su lugar (empatía), nos perdemos de conocer y comprender.

Esta manera de valorar el conflicto nos brinda una visión más amplia de la realidad al acceder a los aspectos que funcionan más allá de nosotros, que son tan válidos como los nuestros y que pueden determinarnos a decisiones más justas y de mutuo beneficio.

Tampoco se trata de que nuestra valoración de la situación deje de ser legítima, se trata de la posibilidad de una convivencia armónica y pacífica donde las diferencias no sean determinantes de las relaciones.

Solo a partir de una valoración positiva del conflicto será posible mantener un diálogo verdadero, desde el cual disponernos a conocer las diferencias y a saber cómo nutrirnos de ellas de forma consciente y oportuna y así evitar entenderlas cuando ya hemos sacrificado la relación.

Desde una valoración positiva del conflicto podremos utilizar instrumentos como la comunicación asertiva, la escucha activa, los diálogos desde el yo y demás habilidades de la Mediación.

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